La única verdad del mercado es el precio. O, al menos, la única realidad observable en cada instante. Pero ni siquiera esa verdad permanece. Cambia, se distorsiona y, en muchas ocasiones, muestra caras engañosas. El precio parece decirnos algo, pero no siempre dice lo que creemos estar escuchando, y ni mucho menos, lo que queremos escuchar.
El mercado tiene su propio lenguaje, y por eso debemos aprender a interpretarlo. No desde la teoría pura, sino desde la experiencia, la lectura constante y la observación paciente de sus movimientos. Sus quiebros, sus rupturas en falso, sus vaivenes y sus pequeños engaños. También debemos aprender a entender qué pondera, qué ignora y durante cuánto tiempo.
En cada movimiento hay información, hay comunicación, aunque no seamos capaces de interpretarlo todo. De hecho, no es necesario y ni siquiera es recomendable pretenderlo.
Aprender a leer el mercado es, en definitiva, aprender a separar el grano de la paja, lo importante del ruido, lo real de lo fantasioso, la realidad de la esperanza.
El mercado está bombardeado por motivos para caer, pero el precio sigue diciendo lo contrario
El mejor ejemplo de todo esto lo encontramos en Wall Street. El contexto no invita precisamente a la complacencia. Tensiones geopolíticas, el precio del petróleo, inflación mucho más persistente de lo deseable, la rentabilidad de los bonos al alza (en niveles realmente amenazantes), deuda elevada, tipos de interés altos durante más tiempo y una Reserva Federal sin demasiados incentivos para relajar el tono. Argumentos para caer y ruido, desde luego, no faltan.
Sin embargo, el precio está contando otra historia.
El S&P 500, Nasdaq 100 y Dow Jones Industriales se encuentran en máximos históricos, impulsados por el liderazgo de la inteligencia artificial y, muy especialmente, por el sector de semiconductores. Los inversores han decidido mirar más allá del potencial endurecimiento monetario y de los datos de inflación para concentrarse en aquello que, por ahora, sostiene la narrativa alcista: crecimiento de beneficios, inversión tecnológica y la expectativa de que la IA seguirá transformando los márgenes y la productividad de las grandes compañías.
Esa es la psicología actual de Wall Street. No niega los riesgos, pero los subordina a una historia de crecimiento que considera más poderosa. El mercado no está diciendo que la inflación vaya a dejar de ser una patata caliente, que vaya a desaparecer, ni que la deuda no importe, ni que la geopolítica sea irrelevante. Está diciendo algo mucho más concreto: mientras los beneficios aguanten y el liderazgo tecnológico siga funcionando, esos riesgos no son suficientes para romper la tendencia.
El mercado no siempre atiende a lo que parece razonable. Responde a lo que, en cada momento, concentra capital, expectativas y convicción.
Y no es que el mercado suba ignorando los riesgos; sube porque ha decidido que las expectativas son todavía más potentes que los riesgos.
La cuestión no es solo si las expectativas se harán realidad. En gran medida ya lo son. Los resultados empresariales del primer trimestre han sido excelentes, solo hay que ver los de la propia Nvidia.
La cuestión es doble: primero, si la promesa de crecimiento asociada a la inteligencia artificial terminará reflejándose de forma clara en beneficios, productividad y márgenes. Y segundo, si una vez materializada esa promesa, el mercado seguirá encontrando razones para pagar múltiplos exigentes o empezará a recoger beneficios y plegar velas.
De momento estamos en la primera parte de la ecuación, en la primera promesa… y en mi opinión, no se atisba que esté cerca el comienzo de la segunda fase, por lo que correcciones o consolidaciones propias de cualquier tendencia, el techo del mercado de esta primera fase apunta a estar todavía muy lejos, por difícil que parezca de creer. Esta es mi opinión personal y, como una opinión se debe tomar.
Las encuestas de sentimiento de la AAII nos hablan de pesimismo, lo que refuerza un escenario de continuidad alcista. Gasolina para la subida por ley de sentimiento contrario. Por tanto, aquellos que esperen una potente corrección para subirse a la carrera alcista, parece que lo tienen difícil. Bajarse de una tendencia es fácil, volver a subir, puede no serlo tanto.
https://www.aaii.com/sentimentsurvey
La última encuesta de sentimiento de la AAII refuerza esta lectura: el optimismo cayó hasta el 31,7%, por debajo de su media histórica, mientras el sentimiento bajista subió hasta el 43,6%, muy por encima de su promedio. En términos de sentimiento contrario, no parece precisamente el tipo de euforia que suele acompañar a los techos importantes de mercado.
Con todo, y para no caer en la complacencia de lo que el precio nos dice hoy, no basta con preguntarse si la inteligencia artificial será un hiperescalador de la productivad y el crecimiento económico del mundo. Probablemente lo será. La verdadera pregunta para el inversor es otra: cuánto de esa importancia está ya en el precio, cuánto queda todavía por demostrar y cuánto margen queda para decepcionar…
Ya hablaremos de escenarios y potenciales objetivos en próximos artículos, pero en mi escenario principal, el techo está aún muy, muy lejos… La tendencia sigue siendo nuestra amiga, y esperemos que no cambie por mucho tiempo. A lo largo de la historia se ha perdido más dinero prediciendo un mercado bajista, con el coste de oportunidad que supone, que sufriéndolo directamente, por lo que es conveniente tenerlo siempre en cuenta.
Aun siendo muy optimista, tengan cuidado ahí fuera, que diría el mítico Frank Furillo en la serie “Canción triste de Hill Street”.




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